
Andreu Blanes ha descrit a xarxes socials les sensacions de la seua cursa a Zegama. Tres capítols imprescindibles per recordar la millor Zegama-Aizkorri d’un valencià. Llegiu-lo: Zegama, crónica de un plan que saltó por los aires.
Quedan segundos para la salida mientras repaso mentalmente el plan que hicimos tras los tests. Lo tengo claro: “la primera mitad defiende, la segunda mitad ataca”.
Salida. Aprovecho el bucle por el pueblo para sacar unos metros, la primera subida es dura y usaré esos segundos para subir tranquilo y guardar las piernas. “Si llego arriba perdiendo 20” en el llano se los recortaré y llegaré a Outzarte en cabeza”. Es el plan pero pasan varios minutos hasta que me recortan la distancia y la parte mas dura ya ha pasado, voy cómodo detrás de Cardin y Delorenzi que me guían hasta el tramo favorable.
No hay segundos que recortar porque voy en cabeza y dudo unos segundos pensando en el plan. “Tiro o no tiro?” Decido tirar para usar la renta que consiga subiendo mas suave en las cuestas empindas. “El plan mejorado”.
Paso Otzaurte en cabeza, subo suave y en el llano miro atrás pero no aparece nadie. No entiendo nada mientras llego al primer avituallamento y cojo el flask que me dan mis padres. Recalculo en otra sección llana antes de la subida a Aratz, la parte mas desfavorable para mí. “Sube a tu ritmo”, me digo, “te cojeran en algún momento y si llegas a Sancti Spiritu cerca de cabeza podrás llegar a Aizkorri a menos de dos minutos”. El plan sigue en pie.
Nadie aparece en el segmento que, según mis cálculos, mas iba a perder. Son 6km con +700. Siento que voy cómodo y, aunque sé que voy rápido, los parciales respecto al record entran dentro del plan. Llegando a Aratz empiezo a escuchar referencias: sacas más de un minuto.
Aratz es el primer punto con mucha gente y empiezo a entender eso de que Zegama es Zegama. Me llevan en volandas hasta arriba y me dejo caer en la bajada dirección Sancti Spiritu.
Vuelvo al plan que dice que hay que bajar tranquilo para subir al Aizkorri con garantía pero el plan empieza a tambalearse: el isquio hace avisos de calambres.
“No puede ser!!” me digo pensando que quedan dos horas de carrera, que no he forzado nada y que también he seguido el otro plan, el de la nutrición. “Qué pasa? Qué hago?”, pienso mientras bajo hasta Sancti Spiritu.
“Creo que es el momento de usar la ventaja, sube al Aizkorri sin correr. Anda. Anda toda la subida y quema la ventaja para intentar llegar arriba a menos de un minuto de cabeza. Sabes que puedes pelear por todo en la segunda mitad de la carrera”.
Sancti Spiritu es una locura. Sencillamente indescriptible. Natalia me da el flask, mi hermana con la bandera y Luismi con otro flask. Disfruto de lo efímero del momento, de la intensidad de las emociones y me vuelvo a concentrar en lo que viene.
Subiendo quemo la ventaja pero Elhoussine y Daniel tardan bastante en llegar a mi altura. Queda poco hasta Aizkorri y confío en que los 30” que me sacan arriba se los recortaré en la cresta. “Bajas el Ostiagorri con ellos y en los 5km llanos puedes sacar hasta un minuto antes de la última subida. Debería de ser suficiente para llegar a Andraitz con ellos y atacar en la última bajada”. En ese momento no lo sé pero es la última vez en toda la carrera que confío en el plan.
En la cresta noto que los amagos de calambres me quitan mucho control muscular. No soy capaz de fluir y, aunque no me sacan tiempo, tampoco recorto.
Consigo llegar a los Llanos de Urbia a 30” de Daniel y Elhoussine y me lanzo a por ese minuto que los tests me prometían. Noto que no. Ya no soy el de los tests.
A penas les consigo recortar segundos pero abro gas hasta que los recorto. Les pillo y ataco. No me queda mucha fuerza pero es mi terreno. Daniel sufre, Elhoussine me sigue y fuerzo en busca de esos segundos del plan. Pero el plan está muerto, como mis piernas, que me fallan en una zona de lapiaz y me caigo. Elhoussine me pasa por encima de un salto, me ayuda y sigo detrás de él. A la mierda el plan. “Gestiona lo que puedas porque vas a sufrir. Queda una hora de carrera y estás jodido”.
La subida a Andraitz son 12’ y soy consciente de que me van a destrozar tanto Elhoussine como Daniel. Les veo irse mientras yo ando. No me estoy reservando, ando porque no tengo nada más y solo puedo verles alejarse por delante.
Crónica Zegama 3/3: Sangre y Champagne.
Empiezo la bajada sin referencias consciente de que vienen 45’ de destrozo físico. Voy muy justo. Calculo mentalmente mis límites físicos en bajada y juego con ellos. La llegada a Moano se vuelve a llenar de gente y es la última vez que veré a mi equipo hasta meta. Natalia me da el flask y Alex me dice que Daniel está a 30”. Que me olvide de Elhoussine.
Es el chute de adrenalina que necesito, bebo rápido y me pongo en modo ataque. Pensaba que estaba muerto pero encuentro energía y aprieto. Es una zona simple pero golpeo una piedra con el pie izquierdo, no tengo reflejos y de repente veo una piedra gigante viniendo hacia mis costillas sin que yo pueda evitar el impacto. Caigo a plomo, como un trapo. Apenas noto el golpe en la cara porque el de las costillas no me deja respirar. Una persona me pregunta si estoy bien. Miento y le digo que sí mientras intento avanzar recuperando la respiración cuando me tuerzo un tobillo.
En 30m casi tiro la carrera a la basura. “Tercero está bien, pon tu ritmo y llega hasta meta. Pero llega!”. Pongo un ritmo cómodo y avanzo por los km que quedan, que se hacen largos. Es entonces cuando veo a Daniel otra vez, le estoy recortando y me invade una sensación extraña. “Tienes que luchar aunque hayas firmado la paz”.
Ataco con el tanque vacío, le paso a cámara lenta deseando que no responda y le saco ventaja tan poco a poco que tengo que apretar hasta meta. Es un suplicio. Necesito entrar al pueblo porque no puedo más.
Veo a Biel con la cámara y entiendo que el sufrimiento ha acabado. Entramos juntos al pueblo, cámara y corredor pero también amigos desde hace años.
La presa de las emociones estalla por los aires y una riada me invade por dentro. Ya no hay dolor, ya no importa el resultado. Solo es eso, emoción. Es mi forma de entender la vida y por lo que llevo tanto tiempo trabajando. Para sentir lo que siento en ese momento, en meta, abrazando a Natalia, abrazando a mi mejor amigo que entra poco después de mí. Compartiéndolo con mi familia y con mi entrenador.
Qué regalo la vida, qué suerte la mía.
Eskerrik asko Zegama!
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